domingo, 31 de julio de 2016

VANIDAD DEL VERSO


Escúchame,
manan en mi corazón los versos
hay una bruma encarnada y pálida,
desbordados a raudales
avanzan sin hacer ruido
a través de la oscuridad
suspendida en el viento;
es mi poema.

Al engendrarle devoción
llorándolos en mi pergamino,
obligas tu libertad
halada por la furia de mis venas
en jubilosas alas liberadas
que no pueden volar
envueltas en el silencio de su lírica.

No dejes que tu cuerpo divague
entre la vertiente suspendida de mis estribos,
visible provocado, por mí alterado,
el efecto de mi verso abaritonado
con sus tonos acicalados
aunque sea tu pincel de primavera,
contiene naipes mezquinos y abrumados
que escriben sobre mí mismo,
las ramas caoba de colores intensos que añoras
surgen entre sueños y presionan las estrellas,
seducen tu corazón refulgente.

¡Tus gemidos de hembra
se apoyan en mi aliento idílico!
Mis poemas juegan indomables
con una duplicidad sutil,
vuelan arrastrados por el desvarío,
aguijonan charcas de deseo
de polo a polo, su viento no es el cielo,
son odas en haldas acumuladas
en herrumbrosos pactos con la mar.

¡Contesta a mi pregunta!
mis versos y su desenlace prodigo,
discretos en su campo visual,
a pesar de haber nacido solitarios
¿Te inducen las acrobacias de mi léxico
a renunciar al alma?

Manuel Vílchez García de Garss.

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