domingo, 28 de febrero de 2016

ABRAZA A TU MADRE, HIJO


Allá en la esquina hay miseria, y tu madre recoge un poco de ella cuando grita tu nombre.
¡Anda, ve y acuérdate de sus ruegos, de cuando eras niño y la amabas como a tierra bendita! Deposita en ella caridad y justicia. El hombre bueno es misericordioso.
Desvelada, protegía tus cabellos como a las semillas del campo de tu abuelo, porque ahí comías y te levantabas con el perdón en las rodillas; y en el colegio su nombre era coreado por maestros, compañeros de aula y el eco de los claustros.
Ahora te andas con un pie a tientas y descubres en el cielo un hoyo negro, afiebrado te acercas al Cristo y le retiras su cruz, y ésta te cae como un latigazo en el alma.
¡Abraza a tu madre, hijo! Devuélvele un poco de ti y de tu padre, compartiendo la mesa con las rosas del campo de tu abuelo, y enciéndele los ojos, recogiendo en las esquinas tus miserias perdidas.
¡Enciéndele la vida, hijo! Y entrégale tu corazón, ese pobre corazón cautivo, entrégaselo. Ella derramará sus lágrimas sobre él, y tú volverás a ser tierra fértil.

German Janio Rodriguez Aquino

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