jueves, 30 de enero de 2014

NO ME MIENTAS, QUE NO TE OIGO


Día 21 por la mañana, llamo para pedir cita en el otorrino. En el centro médico más próximoo dan fecha para dentro de cuatro días (resulta que el especialista está sólo los jueves). Me parece mucho esperar, tras el fin de semana, sin tener noticias del mundo por un oído, así que llamo a mi siguiente opción más cercana. Allí me ofrecen un hueco el día 29. Sigo la ronda…
La historia, al final, termina bien: sin necesidad de tener que acabar saliéndome de la provincia, encuentro una clínica en la que, por intervención divina, estoy segura, alguien ha cancelado su cita para mañana.
Pero no, no se han producido recortes en sanidad en este país. Y mucho menos en la siempre eficiente Villa y Corte, ese pequeño reino ajeno que lleva de rodillas tanto tiempo.
Por cierto, que no cunda el pánico; la cita no era para mí –vista de águila y oído de lince–. No, yo sigo viendo y oyendo con claridad tan meridiana como escalofriante.

¿De verdad vamos a aceptar la perdida sin más? Mi comprensión, agradecimiento y solidaridad para docentes y profesionales de la medicina, para aquellos que, por verdadera vocación, siempre han estado más cerca de sus congéneres y más se han implicado en el bienestar de éstos, aún a costa de las repercusiones en sus propias vidas.

SALOMÉ GUADALUPE INGELMO
Publicado en el blog hervasencuatrosaltos

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