jueves, 31 de mayo de 2012

EL SEÑOR PUNTO FINAL SIGUE SU VIAJE

Después de salir de la botella, fue hacia un hombre que ofrecía una tabla de madera a un enorme peñasco que parecía haberle salvado la vida. Estaba desnudo y parecía que sus ojos habían llorado. Punto final saltó sobre la ropa que tendida sobre la arena se secaba al sol. Allí descansó y esperó a que el naúfrago cogiera sus prendas para vestirse.

El joven trepó el peñasco y una vez arriba divisó la luz de una hoguera. Decidió descender y dirigirse a los pastores que la rodeaban.

El señor Punto pensó que sería más divertido rodar cuesta abajo y así lo hizo. Rodó y rodó y rodó y rodó tan rápido que perdió de vista al joven. No le importó demasiado y continuó su camino saltando entre las flores y piedras hasta llegar de nuevo al mar.

Tuvo miedo de ahogarse y retrocedió hasta sentirse seguro.

Ahora- se dijo en voz baja- no sé qué hacer.

No se había dado cuenta, pero necesitaba que alguien continuara su historia. Recordó a su padre, recordó su casa, aquel aburrido libro, y sintió nostalgia. Quiso volver y supo que debía pensar cómo.
 
Publicado por MARÍA JOSÉ BERBEIRA RUBIO (Casteldefell) en su blog dondehabiteelolvido-airama

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